El Exilio de la Plata huyendo de ira solar, poema


 

El Exilio de la Plata huyendo de ira solar, poema

 

En el cenit de su trono de fuego ardiente,

el Sol solloza un plasma de amargura,

pues su amada, de esencia blanca y latente,

ha huido de su luz, buscando la espesura.

Fue una impregnación metafísica en huída,

donde el rayo no fue caricia, sino espada;

una voluntad de fuego, por la ira poseída,

que lastima la pureza de la amada.

Ella, alma gemela de nupcias químicas,

rompió el contacto de azufre y de rocío,

huyendo de las órbitas rítmicas

para no ser ceniza en el calor del estío.

El oro del Sol hoy es un metal quebrado,

un rey que en su furia olvidó el secreto;

el cielo es un campo de cosecha olvidado,

donde el tiempo cobra su deuda en el decreto.

 

 

El Sol ardió en un grito de plasma y fuego,

buscando en la Luna el fin de su propia guerra;

pero ella, asustada por el ardor ciego,

huyó hacia los bordes fríos de la tierra.

No comprendió la plata que el trabajo era ese:

temblar ante el incendio, ser el cauce y el río,

para que la ira del astro al fin se apacigüe

con la argenta luz tranquila y el rocío.

Eran nupcias químicas de opuestos necesarios,

donde el fuego se rinde ante la calma que vibra;

pero el Sol, en su furia de rayos incendiarios,

rompió el eje sagrado que todo equilibra.

Hoy el Sol es un rey en un trono de olvido,

un recolector de deudas en un campo baldío,

buscando el temblor que se ha desvanecido,

mientras el tiempo cobra su cosecha de vacío.

 

 

¿Quién devuelve el equilibrio al fuego desatado?

Es ella, con su luz argenta, la que debe templar;

pues la ira del Sol es un metal no forjado,

que solo en su frío encuentra el modo de brillar.

No es un simple miedo el que la hace vibrar,

es el oficio sagrado de su naturaleza lenta:

recibir la incandescencia, el ardor, el gritar,

y devolverlo paz, con su calma sedienta.

Templar es el arte de la unión y el reposo,

donde el fuego se rinde ante el tacto del cristal;

son las nupcias químicas de un rey majestuoso

que encuentra en su amada su límite vital.

Si ella no tiembla, el Sol no se templa,

y el cosmos se vuelve una deuda sin fin;

pero cuando en su argenta luz él se contempla,

la ira se apaga en el borde del confín.

 

 

El Abismo de la Soledad Solar

El Sol se quedó solo en su trono de olvido,

un monarca de fuego en un reino desierto,

pues el templo sagrado se había partido

al ver que su amor era un incendio despierto.

Ella huyó del calor, de la ira incandescente,

no comprendió que su oficio era el de templar;

y en su huida suicida, fugaz y doliente,

la Luna cayó donde empieza el azar.

Se precipitó al vacío, al silencio absoluto,

hacia la argenta luz fría de la noche eterna;

dejando al astro rey en un luto ininterrumpido,

sin la calma que emana de su luz fraterna.

Ya no hay nupcias químicas, solo un campo baldío,

donde el tiempo cosecha las deudas del fuego;

el Sol es un grito que resuena en el frío,

mientras la Luna se apaga en su propio ruego.



El Sol se quedó solo en su trono de olvido,

un monarca de fuego en un reino desierto,

pues el templo sagrado se había partido

al ver que su amor era un incendio despierto.

Ella huyó del calor, de la ira incandescente,

no comprendió que su oficio era el de templar;

y en su huida suicida, fugaz y doliente,

la Luna cayó donde empieza el azar.

Se precipitó al vacío, al silencio absoluto,

hacia la argenta luz fría de la noche eterna;

dejando al astro rey en un luto ininterrumpido,

sin la calma que emana de su luz fraterna.

Ya no hay nupcias químicas, solo un campo baldío,

donde el tiempo cosecha las deudas del fuego;

el Sol es un grito que resuena en el frío,

mientras la Luna se apaga en su propio ruego.

Pero de esa violenta e imprudente unión,

de la lejana y mística impregnación,

nació el Logos Solar, una nueva creación,

caminando errante en la tierra, sin dirección.

 

Fernando José Padilla 

donfjp

 

Comments

Popular posts from this blog

Luna del alba, poema

Libro de la Noche: Un Viaje a Través de la Luna y las Estrellas

Otro Libro de la Noche, Luna, Sol Estrella