Trasmutaciones Lumbrosas, poema


 

Trasmutaciones Lumbrosas, poema

 


Una vez el sol ardió en carne

y se tornó en fuego vivo

de todo un belicoso Marte

que con el agua del azogue líquido,

esa lunar argenta licuada

que disolvió el oro fogoso

de aquel belicoso Marte,

y que con el agua de fuego

de sulfurosa separación de lumbre

fue templada con el agua

salada de Venus;

y de Febo Sol de carne

que se había transformado

en todo un belicoso Marte,

se disolvió, se coaguló y se templó

por el argento azogue

y el agua de fuego

de sulfurosa abrasión

por la templación

de la salada agua de Venus

que lo trasmutó y permutó

en un elocuente y diplomático

artífice de hermetequerías

artífice de sueños y quimeras

de sueño de cambiarse

y primero transmutarse

a sí mismo que al mundo,

puesto que para cambiar al mundo

hay que cambiarse uno primero,

y se convirtió de un belicoso Marte

en un Febo-Hermes de arte,

de palabras y pensamientos

que se temple a sí mismo

para que, por otra parte

otro aguerrido luche por la paz

por la quimera de la humanidad

en vez de la iracunda violencia

que arropa al mundo como ebriedad.

 

 

 

El sol ardió una vez en carne y hueso,

y se tornó en un fuego belicoso,

de un Marte impetuoso y tormentoso,

con el agua de azogue en gran exceso.

 

Esa lunar argenta que mi alma me da,

disolvió el oro fogoso, sin más pena,

del belicoso Marte, sin una cadena,

y de Febo Sol que al fin se va.

 

Fue templado con el agua de fuego,

de sulfurosa abrasión sin un porqué,

y la salada agua que me dio.

 

Para que el alma pueda ver,

que la transmutación que al fin se va,

es la que al fin nos da la gran verdad.

 

 

Febo Sol de carne que se había vuelto,

en un belicoso Marte que al fin se va,

se disolvió, se coaguló y se templó,

con el argento azogue, mi gran amor.

 

Por el agua de fuego, la que al fin se va,

de sulfurosa abrasión que al fin me da,

por la templación de la salada,

agua de Venus, la que al fin se va.

 

Y se transmutó en un elocuente ser,

artífice de sueños y quimeras,

de sueños de cambiarse, sin más,

 

para que al fin pueda ver,

que el cambio es el que nos ha de dar,

el quehacer que al fin ha de ser.

 

 

Para cambiar el mundo, mi gran verdad,

hay que cambiarse uno primero, sin un porqué,

y se convirtió de un belicoso,

Marte, en un Febo-Hermes de arte.

 

De palabras y pensamientos, sin más,

que se temple a sí mismo, sin un dolor,

para que otro aguerrido, con su gran amor,

luchen por la paz y la humanidad.

 

En vez de la iracunda violencia,

que arropa el mundo, sin una razón,

y en su ebriedad, sin un solo amor,

 

la utopía es la que al fin nos da,

la que al fin ha de ser,

la que al fin me ha de dar.

 

 

Fernando José Padilla donfjp fjp

 

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