Poema a la eñe

Poema a la eñe

 

¿Qué sería sin ti? ¡Oh, diosa!

La lengua sutil que te pronuncia,

Canta oh, diosa, la hermosura

de tus contornos, esa preciosura

de tus cursivas curvas,

y el sombrero que te adorna,

la delicadeza de tu figura,

la fineza de tu estructura,

esa belleza como ninguna

de tu pecho redondeado

y la gracia de tu espalda.

 

¿Qué sería sin ti, preciosa?

La poesía que te anuncia,

todo el poema que posees,

toda la fortuna que a tu lengua

le brindas ¿qué sería sin ti?

Pues eres, tú, la diosa eñe,

que defines tu propio nombre

sin ti, ya no existiría la palabra español,

la lengua española no habría nacido,

pues a la hispanidad le das vida,

pues mira y compara, que sin ti,

No habría ni España, ni niño,

ni niña habría, no existiría el niño ñoño,

ni la ñoñería de la niña,

ni la ñoñería del ñoño

ni la niñería ñoña.

¿Qué sería del coño?

¿A qué sabría el ñame?

¿Qué sería de la ñapa?

No podríamos rendir

plegaria a Nuestro Señor,

ni rendir reverencia

a nuestra Santísima Señora.

 

Oh, letra eñe, ante tu nombre,

el ñandú la cabeza esconde.

¿Qué sería --me pregunto-- de los changos

naranjiteños sin su ñiquiñaque

en contrapunto con el jiquijiqui

de los plataneros corozaleños?

Qué sería la puertorriqueñidad sin ti,

diosa del español de lo borinqueño?

Pues, en verdad, diosa eres,

¿qué sería de la boricua ex Miss Universe?

¿cómo escribiría Denise Quiñones su nombre?

Gracias a Denise, la eñe recorrió el orbe.

 

Pues, en verdad, diosa eres,

que riges el tiempo en español,

pues en tu ausencia el año sería ano.

 

 

¿Qué sería sin ti, mi gran verdad?

¡Oh, diosa! La lengua que al fin se va,

la que te pronuncia, sin un dolor.

Canta, oh, diosa, la hermosura,

 

de tus contornos, esa preciosura,

de tus cursivas curvas, sin un dolor,

y el sombrero que te adorna, al final,

la delicadeza de tu figura,

 

la fineza de tu estructura,

esa belleza como ninguna,

de tu pecho redondeado, sin dolor,

 

y la gracia de tu espalda, al final,

la que al fin ha de ser.

La que al fin ha de dar.

 

 

 

¿Qué sería sin ti, preciosa, al final?

La poesía que te anuncia, sin dolor,

todo el poema que posees, sin más,

toda la fortuna que a tu lengua,

 

le brindas, ¿qué sería sin ti?

Pues eres, tú, la diosa eñe,

que defines tu propio nombre,

sin ti, ya no existiría el español,

 

la lengua española no habría nacido,

pues a la hispanidad le das vida,

pues mira y compara, que sin ti,

 

no habría ni España, ni niño, ni niña,

no existiría el niño ñoño,

ni la niñería ñoña.

 

 

¿Qué sería del coño, al final?

¿A qué sabría el ñame, sin un dolor?

¿Qué sería de la ñapa, al final?

No podríamos rendir plegaria,

a Nuestro Señor, mi gran verdad,

 

ni rendir reverencia a nuestra Señora.

Oh, letra eñe, ante tu nombre,

el ñandú la cabeza esconde.

¿Qué sería —me pregunto— de los changos,

 

naranjiteños, sin su ñiquiñaque,

en contrapunto con el jiquijiqui,

de los plataneros corozaleños?

 

¿Qué sería la puertorriqueñidad,

sin ti, diosa del español de lo borinqueño?

 

Fernando José Padilla donfjp fjp

 

 

 

 

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