La hormiga y la cigarra, poema
La hormiga y
la cigarra, poema
La hormiga, sin
descanso, con tenaz voluntad,
siempre laboraba,
por su seguridad.
Aseguraba el
sustento de su hogar,
con un futuro que
nadie podría robar.
La cigarra, en
cambio, la veía pasar,
mientras ella,
feliz, se ponía a cantar.
Su vida era
música, sin una preocupación,
con su guitarra
en mano, su única ocupación.
Pero al llegar el
invierno, con su helada bondad,
la hormiga
precavida, con generosidad,
abrió su morada,
con su comida y su abrigo,
ofreciendo
refugio al desdichado amigo.
La cigarra
entendió, sin mucho lamento,
la sabia lección
de aquel duro momento,
que el arte y la
vida se deben entrelazar,
la belleza y el
trabajo se deben compasar.
Por suerte la
hormiga, sabia y generosa,
la llevó a un
café, para que fuera a una goza.
La cigarra tocó
su dulce melodía,
con el alma
desnuda, llena de alegría.
Un cazatalentos
la llevó a un lugar,
donde su música
ella pudo mostrar.
La banda de rock
su fama le dio,
y la cigarra rica
al instante se volvió.
A la hormiga su
amiga, nunca la olvidó,
un regalo de
millones, con cariño le dio,
para que en una
mansión, su vida pudiera pasar,
en ese obsequio,
el karma la quiso recompensar.
La hormiga,
ennoblecida, con noble corazón,
fundó un hospicio
grande, con una bella razón.
Allí, con las
artes, a los humildes ayudó,
porque la poesía,
su alma redimió.
Fernando José Padilla donfjp fjp
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