Filosofía de religión, poema
Filosofía de religión, poema
No es su camino la ciega creencia,
sino el sendero de la causa primera,
donde la filosofía halla su ciencia,
y Dios se revela como la primavera
de todo lo que es, sin causa exterior,
el origen de la existencia, el primer amor.
Como un reloj de intrincado engranaje,
que por su orden nos revela un artífice,
así la vasta trama del paisaje, del cosmos,
que por sí no se
dice. Cada estrella,
el ojo, el hilo de la vida,
claman un Gran Relojero, una mente prendida.
Y en la lógica de Aristóteles, un motor,
una causa que no puede ser causada,
un principio inmóvil, del ser la raíz mayor,
que mueve lo que existe, sin ser movido a nada.
No es solo un
diseñador, sino la razón pura,
la necesidad final
de toda criatura.
Pero hasta el sabio Tomás en su obra,
duda primero, levanta su objeción,
señalando el dolor, la maldad que cobra,
y las cosas que no
tienen perfección.
Aparentemente, el mal nos dice,
que Dios no existe, o no se compadece.
Y sin embargo, al final, la razón pura,
el reloj cósmico y su movimiento,
dan fe de que existe, más allá de la duda,
el gran Motor
Inmóvil, el fin del argumento.
Así la teología en su viaje descubre,
que la lógica no le es ajena, que la cubre.
Analiza textos, lenguas antiguas,
quizá como
Espinosa, que en su estudio
encontró que el hebreo, el griego y el latín
eran espejos de una misma verdad sin fin,
un eco hermético
en un mundo tan crudo.
El teólogo, en su esencia, no solo cree
, sino que busca comprender lo que la fe nos da,
un puente de pensamiento que nos eleva,
a la gran pregunta de por qué la vida está.
Fernando José Padilla donfjp fjp

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