Cuento del Lechoncito de Navidad


Cuento del Lechoncito de Navidad

 

 

La oscura sombra de la maléfica crueldad está cubriendo mi destino.  Mis horizontes están transformándose en malvados rayos de tenebroso pánico.  ¿Por qué estoy maldito con este oráculo impío?  ¿Por qué no puedo recibir piedad?  ¿Por qué nosotros los chanchitos somos devorados en cada Navidad?

 

*          *          *

 

El Oinc Oinc

— ¿Por qué usted va a comerme si está celebrando la Navidad de su Redentor, un hombre que defendió el amor y la piedad con todo el poder de su alma?  Y a pesar que él fue el gran defensor de la piedad y el amor, fue crucificado sin misericordia.

 

El Hombre

— Pobre, Pobre, Pobre Lechoncito, ¿pretendes que el león y la cebra puedan jugar a los naipes juntos?  ¿Pretendes que el lobo y el cordero podrían hacer las paces?  ¿Estás pretendiendo que el gato y el ratón se besen y se abracen amistosamente?  ¿Crees que los perros aman a los gatos?  Pobre, Pobre Lechoncito, la vida es cruel y salvaje sin razón alguna.  Acaso, ¿por qué la preciosa mariposa es devorada por la grotesca rana?

 

El Oinc Oinc

— Pero su Redentor siempre defendió al inocente.  Él fue el enemigo de la injusticia.  Él habló del amor verdadero: la piedad, perdonar hasta los enemigos si importar qué hayan hecho; hay que amarlos, perdonarlos.  Él legó su único mandamiento:  "Amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo".  Si tu Redentor pudo perdonar a los que lo escupieron, lo hirieron, y lo crucificaron con impío barbarismo, ¿por qué usted no puede perdonar mi vida si usted no le he hecho daño; por favor, viva y deje vivir.

 

El Hombre

— Pobre, Pobre Lechoncito, ¿no entiendes que el sufrimiento es el destino de algunas criaturas?  Cuando las lágrimas del cielo caen sobre la tierra, ellas brindan vida a la hermosa flora, a sus capullos de flores y frutos.  Las lágrimas de unos le brindan vida a otros.  Las buenas criaturas sufren sin motivo.  ¿Por qué el rico nació rico y por qué el pobre nació pobre?  ¿Acaso la naturaleza es buena o mala?  Unos tienen que morir para dar vida a otros, puesto que no es ser ni bueno ni malo, sólo es una cadena natural de supervivencia.  El roedor muera para darle vida a la serpiente, la serpiente muere para darle vida al águila.  Esto no es crueldad, es supervivencia.

 

El Oinc Oinc

— Por favor, buen Hombre, usted podría tener misericordia de mi vida, por qué en vez de comerme usted podría comer los frutos, producto de las lágrimas celestes que brindan vida a cada criatura y planta.   Recuerde que una vez un judío estaba suplicando por ayuda y solamente quien lo ayudó fue un samaritano.  ¿Si el samaritano pudo sentir piedad por el judío, por qué usted no puede sentir misericordia de la vida mía?

 

El Hombre

— Oh, mi Pobre Lechoncito, ahora usted ha enternecido mi corazón.  Pero la gente espera de mí que le mate a usted.  Ahora es muy duro proseguir con su asesinato, pero la fiesta debe continuar y usted es el plato principal.  Tengo que proseguir con mi deber social, la gente espera que la mate...                     ...para cocinarlo.  ¡Que su sangre nos bendiga!

 

*          *          *

            Esa noche, víspera de Navidad, el cochinito fue asesinado, y fue sazonado con toda la sabrosura que caracteriza el estilo puertorriqueño dedicado a dicha festividad.  Al día siguiente, el cerdito fue el plato principal, como es usual en toda Navidad borinqueña.  Sin embargo, algo era inusual —siempre, el cocinero, el mismo que mató al Oinc Oinc— era el orador de la primeras palabras antes de comenzar la cena, pero no las dijo.  Después que todos ya se habían comido al inocente marranito —notaron que algo estaba mal—  el cocinero había desparecido, no había participado de la cena.  El pánico arruinó la celebración, cuando el cocinero fue hallado allí, colgado bajo las poderosas ramas del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

 

Fernando José Padilla donfjp fjp 

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