Cuento del Lechoncito de Navidad, poema



Cuento del Lechoncito de Navidad, poema

 

La sombra más oscura de cruel maldad me cubre,

mis dulces horizontes se tiñen de penumbre.

¿Por qué estoy condenado por oráculo impío?

¿Por qué no puedo hallar piedad en mi albedrío?

¿Por qué, pobres chanchitos, morimos en Navidad?

 

El Oinc Oinc

"¿Por qué usted va a comerme si al Redentor celebra,

quien con amor y piedad la vida nos libera?

Con toda la potencia de su alma defendió

el amor y la piedad, y en cruz se inmoló."

El Hombre

"¡Oh, pobre Lechoncito, qué absurda pretensión!

¿Verás león y cebra jugando en reunión?

¿El lobo y el cordero pactando así la paz?

¿Que gatos y ratones se besen, qué solaz?

¿Los perros aman gatos? ¡Qué vana concepción!

La vida es cruel y salvaje, sin explicación.

¿Por qué la mariposa, con su bello color,

es presa de la rana, sin piedad ni favor?"

El Oinc Oinc

"Mas su Redentor siempre al inocente amó,

enemigo de toda injusticia se mostró.

Del amor verdadero su palabra nos legó:

perdonar al que ofende, al que nos hirió.

Su único mandamiento dejó en caridad:

'Amar a Dios y al prójimo con sinceridad'.

Si Él perdonó a quien vilmente lo escupió,

al que lo hirió y en la cruz lo crucificó,

¿por qué usted no perdona mi vida, si no hay mal?

¡Por favor, viva y deje vivir en paz total!"

El Hombre

"¡Ay, pobre Lechoncito! ¿No entiendes que el sufrir

es el destino incierto que a algunos ha de ir?

Las lágrimas del cielo, que a la tierra caen,

vida brindan a la flora, y a sus frutos se traen.

Las lágrimas de unos vida a otros dan sin fin.

Las buenas criaturas sufren sin un motín.

¿Por qué el rico es rico y el pobre en pena está?

¿La buena o la malvada, la naturaleza es?

Unos deben morir para otros renacer,

no es bueno ni es malo, es solo un gran crecer.

El roedor se inmola y la serpiente vive;

la serpiente se va y el águila recibe.

No es crueldad, es la cadena de supervivencia."

El Oinc Oinc

"¡Buen hombre, por favor, tenga de mí clemencia!

En vez de devorarme, coma frutos del cielo,

que son producto noble de la lluvia y del celo.

Recuerde al buen judío que imploró una ayuda,

solo un samaritano su mano le tenduda.

Si él pudo con piedad al judío ayudar,

¿por qué usted, compasivo, mi vida no ha de perdonar?"

El Hombre

"¡Oh, mi pobre Lechón, mi corazón tocaste!

Mas de mí la gente espera que tú mueras hoy.

Ahora es muy duro seguir con tu matar,

pero la gran fiesta debe continuar.

Tú eres el plato principal, ¡qué gran fatalidad!

Debo seguir mi rito, mi deber social,

la gente espera que te mate... para cocinar.

¡Que tu sangre nos bendiga al celebrar!"

 

Esa misma nochebuena, el cochinito fue

asesinado y puesto al fuego, con gran esplendor.

Sazonado con el gusto de Puerto Rico, sí,

para la festividad, con gran sabor y ardor.

Al día siguiente, el cerdo, plato principal,

como es costumbre en toda Navidad natal.

Mas algo era distinto, un hecho inusual:

el cocinero, el mismo que mató al animal,

siempre el primero en hablar antes del festín,

mas hoy su voz callaba, sin comienzo ni fin.

Tras todos haber comido del cerdo inocente,

notaron que algo andaba muy mal, de repente.

El cocinero había huido, no cenó con ellos.

El pánico arruinó la fiesta entre destellos,

cuando al cocinero hallaron, con su final cruel,

colgado de las ramas del Árbol del Bien y el Mal.

 

Fernando José Padilla donfjp fjp 

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