Alquimia Poética, poema


 

Alquimia Poética, poema

 

 

Hay que tomar del verso su oro,

ese inmenso y gran tesoro

de la palabra disuelta en mercurio

y olvidar todo subterfugio

para que el hierro de Marte

sea templado en acero de arte

y el cobre de Venus, del amor,

lata y vibre fuerte en el corazón

de impulsos eléctricos de estaño

para que la palabra no haga daño

y se fusione el cobre y el estaño

en el oro aurífero del amor

templado en la argenta luna de plata

porque nada arrebata

toda la fuerza del amor,

porque el amor es el gran motor

el músculo que mueve el mundo

que sana el corazón iracundo

y su rubor rubicundo

del amor es la mayor fuerza

que abre todas las puertas

de la vida, pues es la generatriz

toda esa fuerza motriz

que hace que valga la pena

sobrevivir todas las vicisitudes

y que librera, el amor, toda condena

del alma atormentada

y crea el elixir de la vida

y el de conocerse a sí mismo.

 

 

 

Hay que tomar del verso su gran oro,

ese inmenso y gran tesoro que me da,

la palabra disuelta en mercurio que va,

y olvidar todo subterfugio, sin un dolor.

 

Para que el hierro de Marte, sin dolor,

sea templado en acero de arte, sin dolor,

y el cobre de Venus, del amor,

lata y vibre fuerte en el corazón.

 

De impulsos eléctricos que se va,

para que la palabra no haga daño,

y se fusione el cobre con el amor,

 

el oro aurífero que al fin nos da.

La que al fin ha de ser,

la que al fin ha de amar.

 

 

 

Templado en la argenta luna de plata,

porque nada arrebata la gran verdad,

toda la fuerza del amor, que me da,

porque el amor es el gran motor.

 

El músculo que mueve el mundo,

que sana el corazón iracundo,

y su rubor rubicundo, sin un dolor,

del amor es la mayor fuerza,

 

que abre todas las puertas, sin dolor,

de la vida, pues es la generatriz,

toda esa fuerza motriz, sin un dolor,

 

que hace que valga la pena,

sobrevivir todas las vicisitudes,

y que nos dé la gran verdad.

 

 

 

Para que libere el amor, sin un porqué,

toda condena del alma atormentada,

y crea el elixir de la vida,

y el de conocerse a sí mismo,

 

del verso, la gran verdad,

el que al fin me ha de dar.

La que al fin me ha de dar,

la que al fin ha de ser.

 

El amor, la mayor fuerza, sin un porqué,

que sana el corazón iracundo,

la que al fin me ha de dar,

 

la que al fin ha de ser.

La que al fin ha de ser,

la que al fin ha de dar.

 

 

 

Y el amor que me da la gran verdad,

el que me ha de dar,

el que al fin ha de ser,

el que al fin me ha de dar.

 

La que al fin me ha de dar,

la que al fin ha de ser,

la que al fin me ha de dar,

la que al fin ha de ser.

 

La que al fin ha de dar,

la que al fin ha de ser,

la que al fin me ha de dar,

 

la que al fin ha de ser,

la que al fin me ha de dar,

la que al fin ha de ser.

 

 

Fernando José Padilla donfjp fjp

 


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