Aceptando el abandono, poema
Aceptando el abandono,
poema
No voy a pensar
más
en la mujer es ya,
en la mujer que me abandonó
y que de mi semilla me separó;
así fue que el
resentimiento se esfumó.
No voy a pensar
más ni más
en la mujer que
preñé con la palabra y la luz
ella me dio las
tinieblas
de no dirigirme
nunca la palabra
tal como en
confiable niebla,
y me dio las
tinieblas de abandonar
al que le dio el
gran honor de ser
totalmente preñada
por la palabra y la cruz,
no necesito su
miedo ni perecer.
El Desvanecido
Resentimiento
No voy a pensar
más en la mujer, mi ser,
en la que mi alma
al final abandonó,
y que de mi
semilla me supo separar,
con su adiós sin
retorno que me hirió.
Así fue que mi
resentimiento se esfumó,
por la mujer que
en mi mente ya no vive,
aquella a quien
con la palabra fecundé,
y con la luz del
alma la hice feliz.
Mas ella me dio
las tinieblas y el no hablar,
negándose a mi
voz, en su niebla fugaz,
en su silencio, me
quiso un alma robar,
una sombra que no
me ha de encontrar jamás.
Yo le di vida,
ella me dio solo desdén,
la luz fue mi don,
y las sombras su vaivén.
Un Don Rechazado
No voy a pensar
más en la que el alma me negó,
en la que preñé
con la palabra y la luz,
en la que de su
hogar, sin piedad, me abandonó,
dejando mi alma
sola, en la niebla y la cruz.
Me dio las
tinieblas de abandonar mi ser,
aquel que le dio
el gran honor de ser,
totalmente preñada
por la palabra al nacer,
por mi alma y mi
cruz, por la fe de mi ser.
No necesito su
miedo, su eterna inquietud,
no necesito que su
alma por mí perezca,
y me libero de su
sombra, sin latitud,
para que mi alma
en la luz florezca.
Yo di mi vida y mi
luz, ella su nada me dio,
y por su abandono,
mi alma al fin se salvó.
Fernando José Padilla donfjp fjp

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