Versos del quehacer existencial, poema



Versos del quehacer existencial, poema

 

 

Aunque se muera la melodía,

aunque fallezca la poesía,

aunque se convierta tan sólo en retazos,

aunque se pierda en la soledad del silencio,

lazaría mis vestigios al viento

para que se hallen mis huellas

y no desaparezcan en el tiempo

los versos de los ecos de la existencia

y su resonancia musical en el alma

vibre en el diapasón estridente del viento

y viaje en las ondulantes olas del destino

y haga eco en la fibra que el existir exclama.

 

Que la sinfonía de versos oportunos

se escuche más allá del horizonte

que resuena en todo Occidente

que retumbe con la fuerza del tridente

y que todos los violines lloren,

que se quejen todos los violonchelos,

que sollocen todas las violas,

que se estremezcan los contrabajos,

que timbren las trompetas,

que resuenen los trombones y las trompas,

y que el torbellino que provocan

ondule en los tambores,

y que chille, en pánico, la flauta;

y que se escuche el trueno del gong,

y que todas sus repercusiones filarmónicas

sean bramidos en tiempo nocturno,

y que se escuchen mis versos oportunos,

aunque se muera la melodía,

aunque fallezca la poesía,

aunque se convierta tan sólo en retazos,

aunque se pierda en la soledad del silencio,

lazaría mis vestigios al viento

para que se hallen mis huellas

y no desaparezcan en el tiempo

los versos de los ecos de la existencia

y su resonancia musical en el alma

vibre en el diapasón estridente del viento

y viaje en las ondulantes olas del destino

y haga eco en la fibra que el existir exclama.

 

Y que estos versos cruentos, pero llenos de encantos,

vibren con las notas del ansia existencial,

y que la agonía de ser un ser consciente

sea clamada con la sinfonía sonriente

de la fantasía del ensueño en lo poesía

que inventa felicidad para ser paciente.

Que el bramar filarmónico rebase su potencial

tan fuerte que provoque a los cielos

que la constelación de Tauro

salude, y que muja para Neptuno,

por los versos de un hijo neptúnico

en todo su empeño oportuno

en versear por haber nacido

en el día de Venus, bajo el signo de Piscis,

para dejar rastros que, el quehacer existencial

a su paso, me ha dejado: versear, versificar.

 

 

Aunque la melodía al fin muera,

y la poesía se vuelva un retazo,

o en el silencio se rompa un lazo,

mi vestigio al viento, mi alma entregada,

 

para que mis versos no sean olvido,

y el eco musical que en el alma clama,

en el diapasón que el viento proclama,

vibre por siempre, sin un final temido.

 

Mis versos viajan en las ondulantes olas

del destino que la existencia exige,

la sinfonía mi ser la rige.

 

Que mi poesía, con sus crueles solas,

se escuche en Occidente, más allá,

y en la fibra del ser, la música se oirá.

 

 

 

Que los violines lloren, las violas giman,

los contrabajos tiemblen, los trombones suenen,

que las trompetas, al fin, entonen,

que la flauta, en pánico, al fin gima.

 

Que el bramido filarmónico anime

los cielos, y que los astros resuenen,

que el torbellino de la música clame,

y con su furia el gong se anime.

 

Que estos versos cruentos, que mi alma exhala,

sean clamor de la agonía de ser consciente,

la sinfonía de la fantasía en la luz,

 

que el quehacer existencial me ha dado,

un empeño de un hijo de Neptuno,

para que las notas, por fin, se escuchen.

 

Aunque se muera la melodía,

aunque fallezca la poesía,

aunque se convierta tan sólo en retazos,

aunque se pierda en la soledad del silencio,

lazaría mis vestigios al viento

para que se hallen mis huellas

y no desaparezcan en el tiempo

los versos de los ecos de la existencia

y su resonancia musical en el alma

vibre en el diapasón estridente del viento

y viaje en las ondulantes olas del destino

y haga eco en la fibra que el existir exclama.

 

Que la sinfonía de versos oportunos

se escuche más allá del horizonte

que resuena en todo Occidente

que retumbe con la fuerza del tridente

y que todos los violines lloren,

que se quejen todos los violonchelos,

que sollocen todas las violas,

que se estremezcan los contrabajos,

que timbren las trompetas,

que resuenen los trombones y las trompas,

y que el torbellino que provocan

ondule en los tambores,

y que chille, en pánico, la flauta;

y que se escuche el trueno del gong,

y que todas sus repercusiones filarmónicas

sean bramidos en tiempo nocturno,

y que se escuchen mis versos oportunos,

aunque se muera la melodía,

aunque fallezca la poesía,

aunque se convierta tan sólo en retazos,

aunque se pierda en la soledad del silencio,

lazaría mis vestigios al viento

para que se hallen mis huellas

y no desaparezcan en el tiempo

los versos de los ecos de la existencia

y su resonancia musical en el alma

vibre en el diapasón estridente del viento

y viaje en las ondulantes olas del destino

y haga eco en la fibra que el existir exclama.

 

Y que estos versos cruentos, pero llenos de encantos,

vibren con las notas del ansia existencial,

y que la agonía de ser un ser consciente

sea clamada con la sinfonía sonriente

de la fantasía del ensueño en lo poesía

que inventa felicidad para ser paciente.

Que el bramar filarmónico rebase su potencial

tan fuerte que provoque a los cielos

que la constelación de Tauro

salude, y que muja para Neptuno,

por los versos de un hijo neptúnico

en todo su empeño oportuno

en versear por haber nacido

en el día de Venus, bajo el signo de Piscis,

para dejar rastros que, el quehacer existencial

a su paso, me ha dejado: versear, versificar.

 

 

 

Fernando José Padilla donfjp fjp

 

 


 

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