Lo efímero, poema


Lo efímero, poema

       

 

Efímero peregrinar existencial,

eso es lo que es el haber nacido.

Y en lo que la fabulosa Esfinge,

esa Quimera del enigma del destino,

cuenta la alegoría del Hado,

en la cual le pregunta a Edipo,

¿cuál es el animal que al sol matutino

camina en cuatro patas,

al sol alineado al meridiano,

camina en dos patas,

y al ocaso, en el sol vespertino,

extrañamente, camina en tres?

Edipo resuelve el enigma

diciendo que es el hombre,

y para el que se asombre,

le dice en el camino

a esa Quimera del destino,

que el sol mañanero

es el nacimiento de un bebé,

camina en cuatro patas,

pues, gatea no anda sobre los pies;

ya al sol del mediodía

es todo un adulto;

y llegando al sol del ocaso,

camina con tres patas,

con el cuerpo encorvado

con la ayuda de un bastón;

pues es así el vivir de nuestra vida.

 

Al observar susodicha alegoría,

entre los versos de mi poesía,

no puedo dejar pasar

el misterio de lo existencial,

puesto que la Esfinge en su enigma,

dice que la vida es sólo un día

que apenas llega y al instante

ya sentimos su partida.

 

La vida es tan efímera,

amanece, llega el mediodía,

y se va con el sol del ocaso.

Es como encender la lumbre

de la mecha de una vela de cera,

que se derrite y se acaba

y se fugan los destellos

de la luz que recibimos

en los recuerdos que se caen

como las hojas de los árboles

a los caprichos del viento.

¡Cómo se va sin dejar huellas!

 

 

La fabulosa Esfinge, en su enigma cruel,

le cuenta a Edipo un acertijo arcano,

del animal que en el sol matutino, un ser lejano,

camina a cuatro, sin un paso fiel.

 

Luego al mediodía, un adulto en el vaivén,

en dos patas camina por un plano,

y al ocaso, con un bastón en su mano,

se encorva y apoya en tres, en un triste edén.

 

Edipo responde que es el ser humano,

el bebé que gatea sin mirar,

el adulto que no ha de parar,

 

y el anciano con el bastón en la mano.

Así la vida nos muestra el camino,

en un día que al fin ha de partir.

 

 

En este enigma, la Esfinge me enseña,

que la existencia es un día fugaz,

que apenas llega, y sin una señal,

se va la vida con toda la pena.

 

Es como encender una vela, una cena,

con la mecha que arde sin dar paz,

se derrite la cera, y el brillo tenaz,

se apaga, con una luz que no es buena.

 

Así se van los destellos del ser,

y los recuerdos se caen sin rumor,

como las hojas, con viento y dolor.

 

Todo se va, sin huella que pueda haber,

y la vida, tan efímera, nos quita la alegría,

se va con el ocaso, sin un adiós.

 

 

 

No puedo dejar pasar este misterio,

la vida un día que se va en la nada,

con una luz que ya se ha apagado,

con el recuerdo que parece un infierno.

 

La conciencia que tengo, este destierro,

la luz del alma que se ha ido,

la vida que ya se ha marchado,

tan solo es un efímero misterio.

 

La vida amanece, llega el mediodía,

y se va con el sol del ocaso sin retorno,

y las huellas se caen del recuerdo.

 

Todo se va con la melancolía,

y no deja un rastro, un solo retorno,

la vida que se va y no deja una huella.

 

 

Fernando José Padilla donfjp fjp


 

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