Otro libro de la noche, saturnino
El documento es un poema épico que explora temas de obsesión, creación, leyendas y la búsqueda de la verdad a través de la figura de Selenia, la Luna, y Saturno, el dios del tiempo.
• Dedicatorias y obsesiones: El poema comienza con dedicatorias a Selenia, la Luna, la Vida, el hogar y un poeta en busca de visión, destacando la obsesión del narrador con la Luna y su anhelo por la luz en la oscuridad.
• La leyenda del Sol y Selenia: Se narra la leyenda del Sol y su relación con Selenia, describiendo un sueño de creación y la espera de la luz en la noche, simbolizada por la Luna y las estrellas.
• Reflexiones sobre locura y sabiduría: El poema reflexiona sobre la locura y la sabiduría, comparando a músicos, poetas y sabios, y mencionando la búsqueda de la piedra filosofal y el juicio divino.
• El mito de Saturno: Se explora el mito de Saturno y su relación con el tiempo, el poder y la leyenda, incluyendo su encuentro con un poeta y la revelación de secretos antiguos.
Otro Libro de la Noche esperando la Luz entre las tinieblas
Mi pluma dedica su canto al cielo,
a Selenia, la Luna, mi obsesión,
a la Vida, al hogar, sacro consuelo,
y a un poeta en busca de visión.
La leyenda del Sol, eterno anhelo,
narra el sueño de Gabriel,
su pasión, que a Selenia, durmiente,
cual modelo, fecunda en un acto de creación.
La noche espera, en sombras escondida,
la luz que entre las brumas ha de entrar,
la luna y las estrellas, su guarida,
mereciendo el alba, al despertar.
A Selenia, Luna, mi sagrada,
lámpara inmaculada, celestial,
más bella que Sofía, venerada,
que Estrella matinal supo tornar,
ignoro su sendero, su morada,
si un Sol o una Estrella pudo dar.
A la Vida, origen primero dado,
que me ha brindado el don de la existencia,
y versos transmitir, mi noble estado,
a la Tierra, sagrada residencia,
hogar único, en ella anidado,
donde crece la paz, la providencia.
Músicos, locos, poetas, su destino,
un poco de cada cual, en su afán.
Los niños, locos, ebrios, su camino,
la verdad desnuda, sin titubear.
Ser loco, libre, su eterno sino,
si la locura se sabe aceptar.
El sabio, un gesto, su falso atino,
con orejas de asno, logra engañar.
La piedra filosofal, su desatino,
locos la buscan, sin descansar.
El juicio divino, su fino tino,
a impíos e ignorantes, no ha de revelar.
Y así, la leyenda se desvaneció,
no en un estallido de gloria,
sino en el suave murmullo
de un eco eterno. Las palabras,
como semillas esparcidas por el viento,
encontraron refugio en los surcos del alma,
donde germinaron en silencio.
Los cuervos, guardianes de secretos olvidados,
alzaron el vuelo, dejando tras de sí un rastro
de plumas negras y una pregunta
suspendida en el aire: ¿qué verdad se esconde
en el laberinto de la memoria,
qué milagro aguarda en el corazón de la leyenda?
La respuesta, quizás, no se encuentre
en las páginas de un libro,
sino en la resonancia del alma,
en el eco de un sueño que nunca muere.
¿Saturno, bella leyenda, su saber?
Templos de Menfis, su gran valor,
Luna Inmaculada, su nacer,
vida en la tierra, su gran clamor.
¿Cómo se profanó, su padecer?
Hijos de Sol, poder y error, reglas rompieron,
sin ceder, mitos narran, su gran dolor.
¿Saturno, cómo sabes, sin temer?
Fui soberbio, poder, mi gran ardor,
Titán, mi hermano, sin querer,
me sentenció, sin tener amor.
Hijo fuiste, padre serás,
su ley, usurpé poder, sin gran pudor,
Titán reinaba, sin desdén,
me sentenció, sin tener honor.
Serpiente tiempo, su gran poder,
tiempo no vence, sin igual valor.
Rea, mi esposa, su gran querer,
hijos protegió, con gran fervor.
Poder pitón, sin comprender,
hijos tragaba, sin tener pudor.
Astucia femenina, su gran saber,
hijos lograron, con gran honor.
Duendes, mis hijos, su gran poder,
Neptuno, Hades, Júpiter, su clamor.
Mangostas vencen, con gran ardor,
leones luchan, sin tener temor.
Sentencia cumplió, sin ceder,
cielo caí, con gran dolor.
Cuentas de plomo, mi gran deber,
trigo recojo, con gran honor.
Saturno encuentra al poeta peregrino,
y un arcano le revela, en su aflicción,
con sortijas y sal, marca el camino,
de alquimia y mística, la conjunción.
El Sol revive, su destino divino,
con ritos de amor, en la ascensión,
busca a Selenia, su eterno sino,
y a su hijo, la Piedra, en la visión.
La Inmaculada Concepción,
el signo, de un nuevo Sol,
de pura redención.
En la ambulancia, el poeta al fin despierta,
y un pergamino antiguo le revela,
la historia de un loco, su alma inquieta,
que a Selenia, la enfermera, anhela.
Con Inmaculada Concepción, completa,
la unión de dos almas, cual centella.
La poesía, un juego, su meta,
que el corazón descifra, cual doncella.
La verdad, media luna, su receta,
en sueños, el poeta la contempla.
La noche aguarda, en sombras se revela,
la luz que vence, en su eterno afán,
la luna y astros, su sagrada estela,
buscando el alba, su bello plan.
Mercurio, Tauro, su aura dorada,
la vida enciende, en su fulgor, Selenia,
vasija inmaculada, que en estrella
matinal, halló su amor.
Músicos, locos, poetas, su destino,
un poco de cada cual, en su afán.
Los niños, locos, ebrios, su camino,
la verdad desnuda, sin titubear.
Ser loco, libre, su eterno sino,
si la locura se sabe aceptar.
El sabio, un gesto, su falso atino,
con orejas de asno, logra engañar.
La piedra filosofal, su desatino,
locos la buscan, sin descansar.
El juicio divino, su fino tino,
a impíos e ignorantes, no ha de revelar.
¿Leyenda dices? No, es mi realidad,
pues Saturno soy, y el tiempo es mi verdad.
Tan viejo como el mundo, y su vastedad,
conozco cada historia, en su integridad.
No es leyenda, pues yo estuve allí,
Saturno, el vigilante, que todo aprendí.
Los mundos giran, y yo los vi nacer,
su historia es mi memoria, no puede perecer.
"¿Cómo lo sé? Misterio, ¿quieres saber?
Soy Saturno, el antiguo, que puede ver.
Más allá del tiempo, mi ser va a extender,
y cada historia oculta, yo podré entender.
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